Gracias por darme vida
El 2024 se despide en un murmullo, cargado de nombres que cruzaron mi camino. Fantasmas que me trajeron vida, espejos donde miré mi reflejo roto. En ellos, aprendí que mi alma, aunque perdida, nunca estuvo sola.
El borracho tambaleaba entre versos olvidados, empapado de verdades crudas, como un tango mal cantado. El que fumaba desde el patio interno dibujaba círculos de humo que decían: “La soledad también es arte.” La madre soltera cargaba en su pecho la fuerza de quien lo apuesta todo, aun con cartas marcadas.
El vagabundo y el loco, con sus risas desbordadas, me mostraron que la cordura puede ser prisión. La prostituta, con labios pintados de desengaño, caminaba calles donde el amor tenía tarifas. La engañada y el frustrado me recordaron que el dolor no se cura, pero se escribe.
Y estaban los sueños y las pesadillas, brasas que hablaban de lo que quería y temía. Las rutas interminables, que recorrí con el motor rugiendo, buscando a esa mujer distante, tan cerca en mi mente como lejos en la realidad.
Gracias.
Gracias por vestir mi depresión de superación,
por ser retazos con los que remendé mi corazón.
Por enseñarme que la humildad no es derrota,
sino la antesala de una victoria sincera.
Mis lágrimas, que un día fueron saladas y amargas,
hoy son agua que limpia el polvo del camino.
Brindo por los personajes que caminan conmigo,
por las historias que me dieron vida,
y por este momento, tan mío, en el que decido no esperar.
Porque la vida, esa maestra caprichosa,
ese amor pasajero que siempre deja su marca,
se vive hoy, no mañana.
Nilo Medina
31 dic. 2024.
