Hasta que aprendí a estar conmigo

Caminé calles ajenas,
como gaucho sin rancho,
y en cada esquina oscura
me encajaron más de un tajo.

Me hice de palabras prestadas,
del mate compartido y de copas,
pero en el fondo del vaso
vi mi reflejo a solas.

Hasta que el silencio bravo
me enseñó el arte de andar solo,
dejé los fantasmas de lado,
hasta que aprendí a estar conmigo.

Nilo.
25 oct. 2024

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *